Esta ocación les traigo algunas imagenes. Quizas no todos conozcan el puerto de veracruz y los lugares mencionados en el post pasado, por ello les comparto algunas fotos de cuando estuve ahí.
La vista del puerto desde el malecon:
La torre Pemex:
El faro Carranza:
Las siguientes son distintos detalles de los jardines frente al faro.
lunes, 29 de septiembre de 2014
jueves, 25 de septiembre de 2014
Preludio (pt 1)
6:30 pm
Miguel
Salgado se sentía nervioso sin siquiera saber por qué. Caminó a prisa por las
callejuelas que rodeaban el edificio Salgado en las cercanías del Puerto de
Veracruz. Más de una vez había intentado subir a su auto pero cada vez que
tocaba el vehículo terribles imágenes cruzaban su mente: un accidente en el que
quedaba de él poco más que medio cuerpo con flecos de carne sanguinolenta donde
debía haber brazos y piernas. Después de haber pasado una hora intentándolo
decidió a tomar el autobús.
Las
calles, sin embargo, no dieron solución a sus temores. Cada transeúnte le
despertaba sospecha. No le era difícil imaginar navajas en los bolcillos,
pistolas empuñadas, jeringas llenas de sangre infectada…
Su corazón
comenzó a latir rápidamente. Podía sentir como se elevaba la temperatura de su
cuerpo, como si de pronto le aquejara una terrible fiebre a mitad de la calle.
Apresuró
el paso. Había pasado bastante tiempo desde que tomara el servicio público por última vez y no estaba
seguro de donde estaban las paradas o cual era la ruta que lo llevaría a casa. El
sol comenzaba a ocultarse. Sin darse cuenta había llegado a las cercanías de la
torre de Pemex y el faro Venustiano Carranza.
-
¿Qué
les dijiste? – resonó una voz en su cabeza.
Para ese
momento las sombras ya avanzaban sobre el lugar. La briza marina arastraba olor
a algas y agitaba las aguas verdosas del puerto.
Frente al
puerto había algunos cañones convertidos en adornos de jardín. Algo golpeó
contra el metal.
Salgado
cayó sobre la rodilla, derribado por el intenso dolor de su tobillo, un líquido tibio empapó su
calcetín y comenzó a anegar el interior de su zapato.
-
¡¿Quién
fue el hijo de la chingada?! – gruñó una vez que recuperó el aliento.
La piedra
yacía a unos centímetros de su pie. Era tan grande como una toronja.
Un ruido
sordo lo hizo voltear hacia su derecha. Una roca se había impactado a un par de
metros partiéndose en dos contra la banqueta.
Una
tercera piedra cayó sobre el césped frente al Faro Carranza.
-
¡No
puede ser! – se dijo Salgado en un vano intento por guardar la calma. Miró
hacia la torre buscando a algún bromista en las alturas.
No había
nadie, solo un cielo oscuro en el cual las nubes comenzaban a arremolinarse.
-
¡¿Qué
les dijiste?! – gritó una voz dentro de su cabeza - ¡¿Quién más sabe?!
El
empresario trató de ponerse en pie. Comenzó a dar algunos pasos tratando de
sobrellevar la cojera.
Las
piedras siguieron cayendo a su alrededor. Se hacían pedazos contra el
pavimento, golpeaban el césped arrancando la hierba para dejar la tierra
desnuda.
Salgado
uso su maletín para cubrirse la cabeza y apresuró el paso. No podía creer lo
que pasaba pero sabía que debía ponerse a cubierto.
En las
cercanas aguas del puerto un gran buque petrolero había comenzado a moverse
tirado de dos pequeños remolcadores. Del otro lado del puerto, cercanas a la
fortaleza de San Juan de Ulúa, había varios cargueros entregando su contenido a
una maraña de grúas. Mucho más cerca
había un ferry de pasajeros a punto de zarpar. Las calles comenzaban a
iluminarse con faroles y los transeúntes se movían de un lado a otro. Nadie más
parecía haberse percatado de lo que sucedía.
-
¡Esto
no está pasando! - Se dijo Salgado mientras trataba de alejarse del chaparrón
de rocas.
Los
cristales de la torre Pemex estallaron en pedazos cuando las piedras formaron
una verdadera granizada. Los cristales del faro Carranza tampoco resistieron
aquel embate. Los arboles cercanos comenzaron a desgajarse.
-
¡¿Quién
más sabe?!
-
¡Déjame
en paz! – gritó Miguel Salgado ante la desconcertada mirada de numerosos
transeúntes.
El hombre
apresuró el paso a todo lo que daba su maltrecho tobillo, el dolor ahora era
acompañado de una sensación de hinchazón y extrañas palpitaciones. Salgado se
detuvo en seco.
Un
chillido en el cielo. Algo grande revoloteaba sobre la ciudad, un ave.
-
¡Corran!
– gritó Salgado.
Nadie le
hizo caso.
Miguel
corrió lo mejor que pudo arrastrando su pie inutilizado. La sombra en el cielo
seguía dando vueltas sobre su cabeza.
-
¡¿Quién
más sabe?! – gritó la voz en su cabeza.
Salgado
cayó al suelo, derribado por uno de los transeúntes.
-
¡Señor
tranquilícese! – dijo una mujer de entre los que trataban de someterlo.
Otros
presentes se sumaron para mantenerlo quieto contra el suelo.
Salgado
gritó, se liberó de sus captores y continuó corriendo. Debía ponerse bajo
resguardo. Sus pasos lo llevaron hacia uno de los números hoteles que bordeaban
el lugar.
-
¡¿Quién
más sabe?! – gritó las voz en la cabeza de Salgado
-
¡La
doctora Tatiana Morales! – respondió el empresario.
El
empresario llegó hasta una puerta de cristal. Empujó pero las puertas no se
abrieron.
-
¡Déjenme
entrar! – gritó a los empleados que podía ver al interior.
Una
marquesina lo protegía de las rocas que caían, pero podía ver como su tamaño
iba aumentando. Los vidrios comenzaron a estallar y las piedras rebotaban en
los muros del edificio.
-
¡Abran
la puerta! – gritó.
Un botones
se aproximó con paso lento y mostrando cara de extrañeza.
En ese
momento salgado pudo escuchar el aletear de aquella enorme ave. Con temor miró
por sobre su hombro para contemplar a su perseguidor.
Cuando el
botones llegó a la puerta no había nadie. El empleado miró al exterior buscando
al escandaloso que se había puesto a gritar frente al negocio pero ahora todo
era silencio. Solo para asegurarse revisó las cerraduras, estaba abierta.
-
Necesitamos
un trapeador – dijo a la mujer de recepción mientras señalaba un rastro de
gotas que se detenía justo frente a la puerta del local.
-
Ya
sabes dónde están – respondió la mujer.
Bienvenidos.
Un saludo a todos
los lectores que pasen por este Blog.
Este es un nuevo proyecto. Escribí y registré la novela titulada “Hotel
Chac” entre el 2009 y el 2013. Lamentablemente no he encontrado una editorial
interesada en el proyecto, por lo que ahora me dispongo a publicarla por este
medio. Internet brinda un espacio en el
que el escritor y los lectores pueden interactuar. Así, en lugar de esperar
meses para ser rechazado o aprobado sin saber las razones de tal decisión puedo
conocer por parte de sus comentarios cuales son los errores y fortalezas de la
historia y el estilo.
Es muy probable que esta novela nunca llegue a un medio impreso. Pero si
logro publicarla en su totalidad a manera de post (entre los que intercalaré
algunas notas que sirvan para aclarar puntos) y el blog logra aceptación me
daré por bien servido.
Solo me queda aclarar que, como lo mencioné algunas líneas arriba, esta
obra está registrada y protegida. Solo pido que si alguien quiere o necesita
copiar algún texto no se olvide de citar al autor original, y de ser posible
agregar el link del blog.
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