II
Un equipo
de televisión acercó sus cámaras cuando los vieron llegar.
Samuel
Tapia y Selene Burgos no se habían dirigido la palabra en todo el trayecto,
pero al bajar de su camioneta sonrieron hasta que las mejillas comenzaron a
dolerles.
- –
¿Es
verdad que se han reconciliado? – preguntó una reportera.
- –
Es
verdad – se apresuró a decir Selene -, yo le he perdonado todo…
Samuel
puso la mejor sonrisa que pudo y, pasando el brazo por sobre el hombro de su
esposa, estrechó a Selene contra su cuerpo.
Todo había
comenzado hacía unos días. Tanto Samuel como Selene supieron que algo andaba
mal cuando Pablo Lanza, dirigente del partido, los hizo llamar a su oficina.
- –
Sólo
di que este no eres tú – dijo Pablo Lanza en aquella apresurada junta.
Samuel no
podía decir que no era él. La revista en el escritorio de Lanza lo mostraba en
la portada, una revista de chismes de poca monta, pero cuyas fotografías
presumían ser las más veraces del ramo.
- –
¡Mierda!
– gruñó Selene - ¿Por qué lo hiciste?
¡¿Qué rayos estabas pensando?!
Samuel no
tenía nada que decir. El de la portada era él, y si, se había acostado con una
jovencita menor de edad a sabiendas de lo que ello implicaba legalmente, pero
también sabía que su situación era lo que menos importaba en ese momento.
- –
¡En
este momento todos los periódicos y noticiarios están mostrando estas imágenes!
– gritó Lanza dando un manotazo en el escritorio - ¡Mierda Tapia! ¡Y en año de elecciones!
Samuel no
tenía nada a su favor. Durante los últimos años él y su esposa Selene habían
sido la pareja más cotizada en la política nacional. Ninguno superaba los 35,
lo que los hacía jóvenes en comparación con el resto de la clase política. El atractivo físico tampoco les faltaba. Él
era alto, de rostro jovial y cabello negro, mientras ella era rubia natural, de
facciones finas y con suficientes curvas para aparecer en una revista para
caballeros. El partido había hecho una gran inversión para que su relación
fuera idílica a los ojos de los medios. La prensa de sociales los había mimado
como a nadie antes, al grado de que Selene Burgos de Tapia era la mujer más
“presidenciable” del momento. Ahora todo se había venido abajo por una
aventura.
- – Esto
no se podrá resolver fácilmente – dijo Samuel -, lo mejor es que nos
divorciemos…
- – ¡Eso
sí que no! – reventó Lanza, Selene no respondió – Nuestros diputados no se han
estado rompiendo el lomo tratando de hacer esas reformas a las leyes de
convivencia como para que les vengas a boicotear el asunto con un divorcio.
Lanza se
dejó hundir en su silla, el mueble gimió ante su gran peso. Los parpados de su
ojo derecho comenzaron a sacudirse por la presión haciendo vibrar algunas
verrugas que se aferraban a la comisura del ojo. La piel excesivamente morena
hacía que aquellos bultos se notaran aún más.
- –
¿Ya
hablaron con el Obispo Nicanor? – dijo Lanza tratando de recuperar la calma.
Samuel se limitó
a asentir con la cabeza. Efectivamente habían ido con el obispo, pero no les
había servido de mucho, básicamente sólo les había preguntado los detalles
sórdidos de aquel adulterio y la frecuencia con que ellos tenían sexo.
- –
No
sirvió de mucho – dijo finalmente Samuel al ver que ni una palabra saldría de
los labios de su esposa.
- –
No te
burles – respondió Lanza - , ese padrecito nos ha ayudado mucho en las campañas
con lo de las limosnas.
- –
Y
nosotros le hemos dado dinero para sus proyectos…
- –
¿Qué?
No te iras a poner moralino… El caso es que tenemos que resolver esto. Esto – Lanza
puso el dedo en la revista, donde Samuel lo hacía de “perrito” con una
jovencita pelirroja en una cama de hotel - , es un ataque, los de la oposición
debieron planearlo todo. Si decimos que es un fotomontaje…
- –
Olvídalo
– intervino Selene –. El tonto pidió disculpas…
- –
¿Qué?
– Lanza se puso verde.- ¿Cuándo?
- –
Hace
unas horas. En las afueras de la cámara de diputados, frente a numerosos
reporteros.
- –
¡Samuel!
¡¿Qué chingados tienes en la cabeza?!
- –
¿Qué
se suponía que debía hacer? – Samuel se encogió de hombros.
- –
¡Negarlo
todo! – gritó Lanza – El partido, con el
obispo Nicanor, hemos sudado sangre para fomentar el tipo de valores familiares
que nos llevarían a la silla presidencial la próxima elección ¡¿Y tú la cagas
así?!
Lanza se
apartó del escritorio y encendió un televisor atornillado a la pared.
- –
Perdón
¿Qué está haciendo? – preguntó Samuel.
- –
Trato
de pensar algo.
Todos en
la habitación callaron para dar la palabra al aparato. Pasaron dos comerciales
de jugo, uno de pasta de dientes, uno de desodorante que prometía chicas al por
mayor y uno de detergentes que prometía manos suaves. Cuando parecía que nada
bueno pasaría comenzó un comercial de un nuevo hotel construido al oeste de
Yucatán. Una mujer rubia, con un bikini algunas tallas menor que la requerida
por sus generosos senos, mostraba las instalaciones en un rápido recorrido.
- – El
lugar de los placeres está ahora a su alcance – remató la rubia del bikini -.
Visítenos. La inauguración es este 29 de julio. Faltan sólo tres días. Nuestro
personal está a su total disposición. Cumpla sus fantasías.
- – ¡Eso
es! – gritó Vergara después de una carcajada - Ya veo los encabezados: “Selene y Samuel se reconcilian después de
una velada romántica en el hotel de moda. Su relación nunca ha estado más
fuerte”. ¡Llamaré ahora mismo!
Esta vez
fue Samuel quien se hundió en su asiento.
- –
Pablo
– dijo –, personalmente…
- –
¡Te
callas! – respondió Lanza mientras marcaba el teléfono que aparecía en la
pantalla. Esa inauguración va a estar llena de reporteros y más les vale que
los vean contentos y amorosos. Lo de la mocosa lo podemos resolver, pero urge
recuperar la popularidad de Selene.
El sonido
del teléfono inundó la habitación.
- – ¿Bueno? - dijo Lanza haciendo una voz dulce que para
nada iba con su apariencia - ¿Hotel Chac? Habitación matrimonial… sí. Reservada
a nombre de Samuel Tapia.
- –
¿Qué?
– se quejó Samuel – Supongo que el partido lo va a pagar.
- –
Tiene
que parecer real – respondió Selene.
- –
En un
momento recibirá sus comprobantes.
En ese
momento una impresora comenzó a imprimir una larga tira de cartulina con la
imagen del hotel y el logo de Castañeda´s Resorts Co.: La Xochiquétzal teotihuacana
con tocado arbóreo.
- –
No
escuché el tono de fax – dijo Samuel.
- –
No es
fax – respondió Lanza perplejo, luego respondió al teléfono –. Tengo los
boletos, gracias…
El hombre
arrancó la tira y la entregó a Selene.
- –
¡No
la caguen! – gruñó.
Fue un
incómodo silencio por los corredores hasta el estacionamiento. Selene se puso
al volante pero no encendió el auto. Samuel se sentó en el lugar del pasajero
sin decir palabra.
- –
¿Cómo
pudiste? – el enojo contenido hacía temblar su voz - ¿Te hacía falta sexo? ¿Fue
eso? ¿Por qué no lo discutiste conmigo en lugar de hacer tonterías?
- –
¿Sabes?
– aquello era lo que Samuel había estado esperando – Yo seré un idiota, pero al
menos yo si me acuesto con gente linda.
Samuel
sacó un sobre de su bolcillo y lo vació sobre el tablero del auto. Selene
rechinó los dientes al verse desnuda acompañada de Pablo Lanza.
- –
¿Desde
cuando tienes eso?
- –
Pensé
que la instrucción era negarlo todo – rio Samuel.
- –
¡No
lo hice por gusto!
- –
¿Se
supone que me debo sentir mejor? Pude haberlo entendido con otra persona, pero
con Pablo… es… asqueroso. ¿Por eso te promovían en el partido? ¿Por eso
llegaste a ser la mujer presidenciable? ¡Se acabó! Esto es sólo una farsa.
Iremos a ese hotelucho, y cuando hayamos puesto nuestras caritas sonrientes
frente a las cámaras pediré una habitación aparte… y después de eso el
divorcio.
- –
¡No
puedes hacerme esto!
- –
¿Qué?
¿Arruinar tu carrera política?
- –
¡Samuel!
- –
Y da
gracias de que no llevé estas con los chicos de las revistas. Pero te lo
advierto, si no me das el divorcio no seré el único que aparezca como un
pervertido.
Samuel
bajó del vehículo dando un portazo. A sus espaldas se escuchó un sollozo. En
ese momento Samuel deseo haber seguido su plan inicial de asesinar a Lanza y
después suicidarse al estilo de los estudiantes de preparatoria estresados. Aún
había un arma cargada en su bolcillo.
Samuel
volvió al presente. Debía poner una sonrisa creíble y disimular. En ese momento
todo le pareció tan sobreactuado que sin duda sería imposible no ver su
falsedad, en cambio los fotógrafos comenzaron a bombardearlos con flashes.
- –
¿Cuál
era el nombre de la jovencita? – preguntó otra reportera.
- –
Su
nombre no importa ahora – dijo Samuel.
- –
¿Es
cierto que está embarazada?
- –
¡¿Qué?!
- –
¿Es
verdad que le pagó cien mil pesos para mantenerla callada?
- –
¡¿Qué
yo qué?!
- –
¿Es
verdad que uso dinero del erario público para financiar sus orgias?
- –
¿Qué
dinero? ¿Tengo cara de tesorero de algo?
- –¿Es
verdad que uso su influencia para intimidar a su amante y hacerla callar?
- –
¡Decídase
de una vez! ¿Le di dinero o la intimidé?
- –
¡No
más preguntas! – intervino Selene.
- –
¿Sabe
usted que el ministerio publico levantará cargos contra su marido?
- –
¡¿Qué?!
- –
Su
marido podría enfrentar cargos de violación… la joven denunció.
Aquello
cayó como balde de agua fría sobre la pareja. Cuando la sonrisa se hubo borrado
de sus rostros se dejó escuchar el sonido de los obturadores cual cruel
enjambre de abejas. La mano sobre el hombro de Selene se apartó tímidamente.
Los reporteros parecieron darse por satisfechos pues abrieron paso y dejaron
que llegaran frente al gran edificio.
Samuel no
prestó demasiada atención al gesto, permanecía concentrado en una de sus
maletas, una pequeña valija donde ahora descansaba el arma.