domingo, 18 de octubre de 2015

LOS INQUILINOS (Parte 3)



III
Liliana Almendra fue la primera en bajar del vehículo, llevaba una única maleta sobre el regazo, apenas un maletín con varios cambios de ropa. Su otra maleta estaba en la cajuela junto al equipaje de “Zafiro”, y no era otra cosa que el gran estuche de maquillaje.
-        -   ¡Vamos Ly! – dijo Sabrina Serra al bajar del taxi - ¡Hay que registrarnos lo más pronto posible!
Liliana maldijo para sí, era como si el universo se hubiera confabulado con su patrona para llevarla hasta ahí.
Como tantas veces no había logrado negarse a los deseos de su jefa.
-        -   ¡Así podrás arreglarme cuando te necesite! – había dicho Serra como si ello fuera la mayor alegría.
Tenía el consuelo de que sólo se trataría de un fin de semana, pero sabía que ese sería el primer día de un estilo de vida que se prolongaría por meses en Europa. Por un segundo había pensado que en Europa tendría la oportunidad de ver La torre Eiffel, el museo de Louvre, El Escorial o algún castillo de cuento de hadas… pero ahora comenzaba a comprender que quizás lo más interesante que lograra ver sería algún Rave en las catacumbas parisinas. Con Zafiro como su guía de turistas no se podía esperar mucho más.
Con resignación comenzó a avanzar a la entrada de recepción, no sin antes haber ayudado al conductor de la limosina a descargar el cuantioso equipaje de Serra. Al menos una docena de maletas, a todas luces una exageración. Liliana no pudo evitar preguntarse si entre toda aquella masa de maletas no había uno que otro chihuahua muerto. Alguien del Staff le había comentado que Serra había tenido multitud de esos pequeños animalejos, que los había bautizado por orden alfabético y que el que llevaba ahora metido en el bolso era el correspondiente a la Z: Zihuatanejo. Conociendo a Serra no resultaba tan descabellado.
Un cordón rojo les cerraba el paso.
-       -    ¡¿Pero qué mierda?! – gruñó Serra -. ¿puedes creerlo? ¡Todavía no abren este hotel mugre!
Por alguna razón Liliana se sintió feliz. No era que le gustara la expresión de su jefa cuando las cosas no le resultaban como quería, al contrario, la experiencia le decía que cuando algo así sucedía las cosas tendían a cambiar para peor. Lo que en verdad pasaba es que aquel lugar le hacía sentir incomoda.
No sabía cómo explicarlo. Ni siquiera sabía bien como definir lo que sentía. Por un segundo pensó que era la sensación que decían tener aquellos que se habían salvado de perecer en un accidente por haber cambiado de opinión en el último segundo. Lo que decían habían sentido aquellos que decidieron no subirse al Titanic o a algún avión que había terminado estrellándose. Pero los hoteles ni se hunden ni se estrellan. Ello no tenía ningún sentido ahora.
Y sin embargo la sensación estaba ahí. Era tan fuerte que le hizo sujetar el cuarzo que pendía de su cuello.
Miró el hotel de arriba abajo. Un monstruo de tres pisos en una zona prácticamente despoblada, a todas luces una ex hacienda del henequén, un monstruo pintado de un rojo intenso, como los edificios sagrados de la época prehispánica; por un lado un templo al ocio y el despilfarro, pero por el otro la segura tumba de cientos de Mayas, Yaquis, Chinos, Coreanos y mestizos. Por un segundo tuvo que contener las ganas de marcharse. En los alrededores el lugar aún eran visibles numerosos magueyes, y más allá el horizonte con algunos manchones de selva.
-       -    No seas cobarde Liliana – murmuró para sus adentros.
Pero no podía dejar de mirar a aquella construcción con ojos de niña asustada. No podía evitar recordar el sueño extraño que había tenido en el bar mientras Serra se escabullía con sus admiradores. El hotel estaba vivo, palpitaba y crecía como una herida gangrenada. Y había cosas dentro… moviéndose… y tampoco podía evitar pensar que aquel comercial había  interrumpido una nota informativa de un accidente, como si hubiera intentado que nadie se enterara.
-        -   ¡Tendremos que esperar! – gruñó Serra - ¡Es inaudito!
Liliana pensó por un segundo en sugerirle a su patrona irse de ahí. Pero otra parte de si le ordenó callar. Nada malo tenía por qué ocurrir.
Y aun si ocurría huir no era la solución.

LOS INQUILINOS (Parte 2)




II
Un equipo de televisión acercó sus cámaras cuando los vieron llegar.
Samuel Tapia y Selene Burgos no se habían dirigido la palabra en todo el trayecto, pero al bajar de su camioneta sonrieron hasta que las mejillas comenzaron a dolerles.
-         ¿Es verdad que se han reconciliado? – preguntó una reportera.
-          Es verdad – se apresuró a decir Selene -, yo le he perdonado todo…
Samuel puso la mejor sonrisa que pudo y, pasando el brazo por sobre el hombro de su esposa, estrechó a Selene contra su cuerpo.
Todo había comenzado hacía unos días. Tanto Samuel como Selene supieron que algo andaba mal cuando Pablo Lanza, dirigente del partido, los hizo llamar a su oficina.
-          Sólo di que este no eres tú – dijo Pablo Lanza en aquella apresurada junta.
Samuel no podía decir que no era él. La revista en el escritorio de Lanza lo mostraba en la portada, una revista de chismes de poca monta, pero cuyas fotografías presumían ser las más veraces del ramo.
-          ¡Mierda! – gruñó Selene  - ¿Por qué lo hiciste? ¡¿Qué rayos estabas pensando?!
Samuel no tenía nada que decir. El de la portada era él, y si, se había acostado con una jovencita menor de edad a sabiendas de lo que ello implicaba legalmente, pero también sabía que su situación era lo que menos importaba en ese momento.
-          ¡En este momento todos los periódicos y noticiarios están mostrando estas imágenes! – gritó Lanza dando un manotazo en el escritorio - ¡Mierda Tapia!  ¡Y en año de elecciones!
Samuel no tenía nada a su favor. Durante los últimos años él y su esposa Selene habían sido la pareja más cotizada en la política nacional. Ninguno superaba los 35, lo que los hacía jóvenes en comparación con el resto de la clase política.  El atractivo físico tampoco les faltaba. Él era alto, de rostro jovial y cabello negro, mientras ella era rubia natural, de facciones finas y con suficientes curvas para aparecer en una revista para caballeros. El partido había hecho una gran inversión para que su relación fuera idílica a los ojos de los medios. La prensa de sociales los había mimado como a nadie antes, al grado de que Selene Burgos de Tapia era la mujer más “presidenciable” del momento. Ahora todo se había venido abajo por una aventura.
-            Esto no se podrá resolver fácilmente – dijo Samuel -, lo mejor es que nos divorciemos…
-       ¡Eso sí que no! – reventó Lanza, Selene no respondió – Nuestros diputados no se han estado rompiendo el lomo tratando de hacer esas reformas a las leyes de convivencia como para que les vengas a boicotear el asunto con un divorcio.
Lanza se dejó hundir en su silla, el mueble gimió ante su gran peso. Los parpados de su ojo derecho comenzaron a sacudirse por la presión haciendo vibrar algunas verrugas que se aferraban a la comisura del ojo. La piel excesivamente morena hacía que aquellos bultos se notaran aún más.
-         ¿Ya hablaron con el Obispo Nicanor? – dijo Lanza tratando de recuperar la calma.
Samuel se limitó a asentir con la cabeza. Efectivamente habían ido con el obispo, pero no les había servido de mucho, básicamente sólo les había preguntado los detalles sórdidos de aquel adulterio y la frecuencia con que ellos tenían sexo.
-         No sirvió de mucho – dijo finalmente Samuel al ver que ni una palabra saldría de los labios de su esposa.
-          No te burles – respondió Lanza - , ese padrecito nos ha ayudado mucho en las campañas con lo de las limosnas.
-          Y nosotros le hemos dado dinero para sus proyectos…
-          ¿Qué? No te iras a poner moralino… El caso es que tenemos que resolver esto. Esto – Lanza puso el dedo en la revista, donde Samuel lo hacía de “perrito” con una jovencita pelirroja en una cama de hotel - , es un ataque, los de la oposición debieron planearlo todo. Si decimos que es un fotomontaje…
-          Olvídalo – intervino Selene –. El tonto pidió disculpas…
-          ¿Qué? – Lanza se puso verde.- ¿Cuándo?
-          Hace unas horas. En las afueras de la cámara de diputados, frente a numerosos reporteros.
-          ¡Samuel! ¡¿Qué chingados tienes en la cabeza?!
-         ¿Qué se suponía que debía hacer? – Samuel se encogió de hombros.
-      ¡Negarlo todo! – gritó Lanza – El partido, con  el obispo Nicanor, hemos sudado sangre para fomentar el tipo de valores familiares que nos llevarían a la silla presidencial la próxima elección ¡¿Y tú la cagas así?!
Lanza se apartó del escritorio y encendió un televisor atornillado a la pared.
-          Perdón ¿Qué está haciendo? – preguntó Samuel.
-         Trato de pensar algo.
Todos en la habitación callaron para dar la palabra al aparato. Pasaron dos comerciales de jugo, uno de pasta de dientes, uno de desodorante que prometía chicas al por mayor y uno de detergentes que prometía manos suaves. Cuando parecía que nada bueno pasaría comenzó un comercial de un nuevo hotel construido al oeste de Yucatán. Una mujer rubia, con un bikini algunas tallas menor que la requerida por sus generosos senos, mostraba las instalaciones en un rápido recorrido.
-    El lugar de los placeres está ahora a su alcance – remató la rubia del bikini -. Visítenos. La inauguración es este 29 de julio. Faltan sólo tres días. Nuestro personal está a su total disposición. Cumpla sus fantasías.
-     ¡Eso es! – gritó Vergara después de una carcajada - Ya veo los encabezados: “Selene y Samuel se reconcilian después de una velada romántica en el hotel de moda. Su relación nunca ha estado más fuerte”. ¡Llamaré ahora mismo!
Esta vez fue Samuel quien se hundió en su asiento.
-         Pablo – dijo –, personalmente…
-      ¡Te callas! – respondió Lanza mientras marcaba el teléfono que aparecía en la pantalla. Esa inauguración va a estar llena de reporteros y más les vale que los vean contentos y amorosos. Lo de la mocosa lo podemos resolver, pero urge recuperar la popularidad de Selene.
El sonido del teléfono inundó la habitación.
-       ¿Bueno?  - dijo Lanza haciendo una voz dulce que para nada iba con su apariencia - ¿Hotel Chac? Habitación matrimonial… sí. Reservada a nombre de Samuel Tapia.
-          ¿Qué? – se quejó Samuel – Supongo que el partido lo va a pagar.
-          Tiene que parecer real – respondió Selene.
-          En un momento recibirá sus comprobantes.
En ese momento una impresora comenzó a imprimir una larga tira de cartulina con la imagen del hotel y el logo de Castañeda´s Resorts Co.: La Xochiquétzal teotihuacana con tocado arbóreo.
-          No escuché el tono de fax – dijo Samuel.
-          No es fax – respondió Lanza perplejo, luego respondió al teléfono –. Tengo los boletos, gracias…
El hombre arrancó la tira y la entregó a Selene.
-          ¡No la caguen! – gruñó.
Fue un incómodo silencio por los corredores hasta el estacionamiento. Selene se puso al volante pero no encendió el auto. Samuel se sentó en el lugar del pasajero sin decir palabra.
-          ¿Cómo pudiste? – el enojo contenido hacía temblar su voz - ¿Te hacía falta sexo? ¿Fue eso? ¿Por qué no lo discutiste conmigo en lugar de hacer tonterías?
-          ¿Sabes? – aquello era lo que Samuel había estado esperando – Yo seré un idiota, pero al menos yo si me acuesto con gente linda.
Samuel sacó un sobre de su bolcillo y lo vació sobre el tablero del auto. Selene rechinó los dientes al verse desnuda acompañada de Pablo Lanza.
-          ¿Desde cuando tienes eso?
-          Pensé que la instrucción era negarlo todo – rio Samuel.
-          ¡No lo hice por gusto!
-        ¿Se supone que me debo sentir mejor? Pude haberlo entendido con otra persona, pero con Pablo… es… asqueroso. ¿Por eso te promovían en el partido? ¿Por eso llegaste a ser la mujer presidenciable? ¡Se acabó! Esto es sólo una farsa. Iremos a ese hotelucho, y cuando hayamos puesto nuestras caritas sonrientes frente a las cámaras pediré una habitación aparte… y después de eso el divorcio.
-          ¡No puedes hacerme esto!
-          ¿Qué? ¿Arruinar tu carrera política?
-         ¡Samuel!
-          Y da gracias de que no llevé estas con los chicos de las revistas. Pero te lo advierto, si no me das el divorcio no seré el único que aparezca como un pervertido.
Samuel bajó del vehículo dando un portazo. A sus espaldas se escuchó un sollozo. En ese momento Samuel deseo haber seguido su plan inicial de asesinar a Lanza y después suicidarse al estilo de los estudiantes de preparatoria estresados. Aún había un arma cargada en su bolcillo.
Samuel volvió al presente. Debía poner una sonrisa creíble y disimular. En ese momento todo le pareció tan sobreactuado que sin duda sería imposible no ver su falsedad, en cambio los fotógrafos comenzaron a bombardearlos con flashes.
-          ¿Cuál era el nombre de la jovencita? – preguntó otra reportera.
-          Su nombre no importa ahora – dijo Samuel.
-         ¿Es cierto que está embarazada?
-         ¡¿Qué?!
-          ¿Es verdad que le pagó cien mil pesos para mantenerla callada?
-         ¡¿Qué yo qué?!
-          ¿Es verdad que uso dinero del erario público para financiar sus orgias?
-          ¿Qué dinero? ¿Tengo cara de tesorero de algo?
-         ¿Es verdad que uso su influencia para intimidar a su amante y hacerla callar?
-          ¡Decídase de una vez! ¿Le di dinero o la intimidé?
-          ¡No más preguntas! – intervino Selene.
-          ¿Sabe usted que el ministerio publico levantará cargos contra su marido?
-          ¡¿Qué?!
-          Su marido podría enfrentar cargos de violación… la joven denunció.
Aquello cayó como balde de agua fría sobre la pareja. Cuando la sonrisa se hubo borrado de sus rostros se dejó escuchar el sonido de los obturadores cual cruel enjambre de abejas. La mano sobre el hombro de Selene se apartó tímidamente. Los reporteros parecieron darse por satisfechos pues abrieron paso y dejaron que llegaran frente al gran edificio. 
Samuel no prestó demasiada atención al gesto, permanecía concentrado en una de sus maletas, una pequeña valija donde ahora descansaba el arma.