domingo, 20 de septiembre de 2015

EL LLAMADO (parte 6)



VI
En la profundidad había algo. Estaba vivo y luchaba por llegar a la superficie. Se retorcía y cuando lo hacía todo a su alrededor era destruido.
Erzebeth Ganosh despertó, sus ojos dorados, buscaron por los rincones para asegurarse que nada estuviera fuera de su lugar. Aquel había sido el sueño más raro de todos los que había tenido los últimos días, pero algo le decía que o había sido sólo un sueño.
Primero el sujeto Marbán y ahora esto. Algo terrible estaba pasando o estaba a punto de suceder.
La mujer se recogió el largo cabello negro y se puso de pie. Nada cubría su cuerpo. Los rayos de luna se filtraban por una estrecha ventana, haciendo relucir su piel. Su habitación tenía poco más que un catre y un pequeño buró aquejado por las termitas, una esquina estaba adornada con un retrete y un lavamanos.
Debía salir de ahí, y para ello necesitaba tener un  plan o improvisar con mucha suerte.
La puerta estaba cerrada.
-          Shit!
Arturo se había ido a descansar, “no se sentía bien”, por lo que sólo había que preocuparse de “el oso” Pastrana. ¿Qué debía hacer? Una puerta la separaba del corredor y el corredor llevaba directamente al cubículo de vigilancia.
La idea de derribar la puerta y la reja que la separaban de la libertad comenzó a obsesionarla. Era una puerta metálica con una pequeña mirilla circular.
-          Go Beth Go!
La mujer tomó impulso, saltó al otro lado de la habitación y volvió a salar apoyándose en el muro para estrellarse contra la puerta.
La puerta no se movió y la mujer rebotó casi hasta el otro extremo de la habitación.
Dolor. El dolor parecía haber “despertado”, se le movía por las entrañas y avanzaba por su piel. El dolor la hizo pensar en la cosa en la que se transformaba en sueños.
Pastrana, en su cabina de vigilancia, estaba viendo la repetición de un partido de futbol cuando sintió un olor particularmente feo, algo ligeramente parecido a mariscos podridos. No le dio importancia, en aquel lugar había toda clase de gente que hacía toda clase de cosas; en todo caso lo que debía hacer era ir a ver quién estaba haciendo qué. El hombre dejó medio sándwich de ensalada rusa en el escritorio de su cubículo, tomó las llaves y salió al pasillo cerrando tras él. Estaba a medio pasillo cuando un estruendo se dejó escuchar por todo el corredor.
-          ¡¿Qué chingados?! – gritó el hombre al ver la puerta abollarse.
El hombre corrió hacia su cubículo y cerró la reja metálica que lo separaba del corredor.
Un segundo golpe casi arranca la puerta de sus bisagras.
El hombre se desplomó en su asiento. Por su mente pasó llamar ayuda pero no supo que era lo que tenía que decir, nunca había visto algo como eso.
La puerta metálica de la celda se despendió completamente en el tercer estruendo. Aquel escandalo despertó a todas las mujeres encerradas en ese corredor y en los cercanos.
-          ¿Qué ocurre? – murmuró la radio.
Pastrana no contestó. Estaba literalmente paralizado. Solo después de varios segundos logró tomar el aparato.
-          ¡Necesito ayuda! – gritó - ¡Se metió un animal!
El ser galopó por el corredor de manera extraña, haciendo que el celador pensara en alguna especie de primate. Un par de garras y unas fauces se aferraron a la malla metálica y comenzaron a tirar. Las partes atornilladas y soldadas comenzaron a ceder produciendo un chirrido.
El vigilante dejó escapar un grito de niña cuando la bestia finalmente derribó la reja. Pastrana se metió debajo del escritorio y comenzó a rezar a todo pulmón. La bestia pasó encima del escritorio, devorando de un bocado el emparedado de ensalada; continuó su camino hacia la salida del sanatorio mental, no sin antes hacer una escala en el almacén donde se guardaban los bienes personales de los pacientes y llevarse una valija metálica en las fauces.
Cuando los demás vigilantes llegaron a la sección de mujeres, encontraron a Pastrana catatónico. El lugar había sido destrozado y no había señales de Erzebeth Ganosh. Las sirenas comenzaron a sonar en el pequeño sanatorio mental Maravillas, de inmediato se ordenó una búsqueda en los patios de la institución mental pero nunca se dio con la paciente.

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