V
El lugar
estaba semioculto entre la niebla y los pinares. La bruma desdibujaba los
bosquecillos cercanos convirtiendo todo en una mancha gris con algunas siluetas
oscuras. El gordo detuvo el auto, un viejo Maverick color azul oscuro con un
par de líneas blancas encima, ante un edificio de piedra de dos plantas y
amplias ventanas con cancelería herrumbrosa y vidrios empañados por los años.
Lo que antaño había sido la vieja estación del tren de “El Tiznao” ahora estaba
convertida en biblioteca pública. Varios furgones descansaban como fantasmas
herrumbrosos sobre rieles que no llevaban a ninguna parte.
Bajó del
auto y se dirigió al edificio. El interior era más agradable que el ambiente
neblinoso de afuera.
Ovidio
García trataba de saber más acerca del hotel Shambala, pero la única referencia
parecía ser una nota roja de un periódico local. También parecía ser que el
gobierno, o alguien más, había comprado la mayoría de los ejemplares y se había
desecho de ellos.
El obeso
tocó un timbre en el mostrador de la biblioteca. Rápidamente una mujer emergió
de las sombras de la parte trasera del lugar.
García
tenía una debilidad por las mujeres bonitas y la que atendía la biblioteca lo
era bastante. Se trataba de una mujer delgada con unos pechos lo
suficientemente grandes para despertar dudas acerca de su naturaleza, llevaba
encima una falda larga verde y un suéter de cuello de tortuga amarillo.
-
¿En
qué le puedo servir? – preguntó la dama con una voz que apenas era un murmullo.
García
tardó varios segundos en contestar. No pudo evitar imaginar alguna situación de
película barata en la que pudiera ser el héroe que salva a la damisela en
peligro.
-
Busco
un periódico, algo del año de 1991 sobre un hotel.
-
Ya
veo – dijo la mujer –, ese texto está muy solicitado estos días, sígame.
Ambos
comenzaron a moverse por el edificio, subieron al segundo piso por unas
escaleras de caracol. Varios aparatos de ventilación y climatizadores se
encontraban distribuidos a lo largo de cada sala, no era para menos, aquel
lugar se encontraba cerca de los dos
mil quinientos metros sobre el nivel del
mar, y a sólo unas horas de la costa veracruzana, lo que hacía que una bruma
densa lo cubriera la mayor parte del año… la humedad era un enemigo a vencer en
aquellas condiciones.
La mujer
se detuvo frente a un estante bajo con periódicos apilados.
-
Estos
son todos los de la primera semana del mes de noviembre del noventa y uno.
García
echó un vistazo mientras la dama extendía un par de periódicos sobre una mesa
cercana.
“Terrible tragedia en Yucatán. Mueren cuarenta
personas durante función de gala en el Hotel Shambala” rezaba el encabezado.
“Anoche a las doce con cinco de la mañana un fuego
sin control consumió en prácticamente su totalidad el lujoso hotel Shambala. El
siniestro ocurrió mientras se llevaba a cabo una función de gala en el salón
Rimpoche del dicho local. Según los peritos es probable que un acto de
pirotecnia desatara el fuego que rápidamente salió de control. Hasta el momento
se cuentan cuarenta victimas mortales pero debido a la delicada condición de
algunos de los heridos es probable que la cifra aumente las próximas horas. Los
dueños del hotel no han hecho declaración al respecto.”
Aquella
nota venia acompañada de una fotografía donde podía verse un edificio de unos
tres pisos con la fachada completamente ennegrecida. Una instantánea más
mostraba el aspecto del vestíbulo, muchos de los muebles seguían ahí como vagas
esculturas de carbón humeante.
Otro de
los periódicos, uno con una fecha anterior al desastre, parecía dar una pista
sobre aquella función de Gala:
“Única noche. Los místicos gurús tibetanos
presentándose en el Salón Rimpoche del Hotel Shambala” otra línea anunciaba “Develando los secretos del códice Kisin”
Aquel era un
anuncio que abarcaba toda una página del diario. Mostraba a una jovencita de
ataviada con extraño traje chino y con la cara maquillada en color blanco.
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