domingo, 20 de septiembre de 2015

EL LLAMADO (parte 5)



V
El lugar estaba semioculto entre la niebla y los pinares. La bruma desdibujaba los bosquecillos cercanos convirtiendo todo en una mancha gris con algunas siluetas oscuras. El gordo detuvo el auto, un viejo Maverick color azul oscuro con un par de líneas blancas encima, ante un edificio de piedra de dos plantas y amplias ventanas con cancelería herrumbrosa y vidrios empañados por los años. Lo que antaño había sido la vieja estación del tren de “El Tiznao” ahora estaba convertida en biblioteca pública. Varios furgones descansaban como fantasmas herrumbrosos sobre rieles que no llevaban a ninguna parte.
Bajó del auto y se dirigió al edificio. El interior era más agradable que el ambiente neblinoso de afuera.
Ovidio García trataba de saber más acerca del hotel Shambala, pero la única referencia parecía ser una nota roja de un periódico local. También parecía ser que el gobierno, o alguien más, había comprado la mayoría de los ejemplares y se había desecho de ellos.
El obeso tocó un timbre en el mostrador de la biblioteca. Rápidamente una mujer emergió de las sombras de la parte trasera del lugar.
García tenía una debilidad por las mujeres bonitas y la que atendía la biblioteca lo era bastante. Se trataba de una mujer delgada con unos pechos lo suficientemente grandes para despertar dudas acerca de su naturaleza, llevaba encima una falda larga verde y un suéter de cuello de tortuga amarillo.
-          ¿En qué le puedo servir? – preguntó la dama con una voz que apenas era un murmullo.
García tardó varios segundos en contestar. No pudo evitar imaginar alguna situación de película barata en la que pudiera ser el héroe que salva a la damisela en peligro.
-          Busco un periódico, algo del año de 1991 sobre un hotel.
-          Ya veo – dijo la mujer –, ese texto está muy solicitado estos días, sígame.
Ambos comenzaron a moverse por el edificio, subieron al segundo piso por unas escaleras de caracol. Varios aparatos de ventilación y climatizadores se encontraban distribuidos a lo largo de cada sala, no era para menos, aquel lugar se encontraba cerca de los  dos mil  quinientos metros sobre el nivel del mar, y a sólo unas horas de la costa veracruzana, lo que hacía que una bruma densa lo cubriera la mayor parte del año… la humedad era un enemigo a vencer en aquellas  condiciones.
La mujer se detuvo frente a un estante bajo con periódicos apilados.
-          Estos son todos los de la primera semana del mes de noviembre del noventa y uno.
García echó un vistazo mientras la dama extendía un par de periódicos sobre una mesa cercana.
“Terrible tragedia en Yucatán. Mueren cuarenta personas durante función de gala en el Hotel Shambala” rezaba el encabezado.
“Anoche a las doce con cinco de la mañana un fuego sin control consumió en prácticamente su totalidad el lujoso hotel Shambala. El siniestro ocurrió mientras se llevaba a cabo una función de gala en el salón Rimpoche del dicho local. Según los peritos es probable que un acto de pirotecnia desatara el fuego que rápidamente salió de control. Hasta el momento se cuentan cuarenta victimas mortales pero debido a la delicada condición de algunos de los heridos es probable que la cifra aumente las próximas horas. Los dueños del hotel no han hecho declaración al respecto.”
Aquella nota venia acompañada de una fotografía donde podía verse un edificio de unos tres pisos con la fachada completamente ennegrecida. Una instantánea más mostraba el aspecto del vestíbulo, muchos de los muebles seguían ahí como vagas esculturas de carbón humeante.
Otro de los periódicos, uno con una fecha anterior al desastre, parecía dar una pista sobre aquella función de Gala:
“Única noche. Los místicos gurús tibetanos presentándose en el Salón Rimpoche del Hotel Shambala” otra línea anunciaba “Develando los secretos del códice Kisin”
Aquel era un anuncio que abarcaba toda una página del diario. Mostraba a una jovencita de ataviada con extraño traje chino y con la cara maquillada en color blanco.

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